Como el Israel del Antiguo Testamento, usted también, está sujeto a la poderosa influencia de su cultura. Como Israel, usted debe rechazar cosas en la cultura que son abominación ante Jehová su Dios.
Una cosa es estar dolorosamente conscientes de los objetivos antibíblicos, tales como estos que hemos bosquejado. Otra cosa diferente es abrazar los objetivos bíblicos. Hay tantas áreas en las que los niños requieren dirección. ¿Cuál meta es lo suficiente amplia y flexible para ser adecuada a todas las etapas del desarrollo del niño?
¿Cuáles objetivos bíblicos generales guiarán y enfocarán su visión de la vida y, por lo tanto, su entrenamiento de sus hijos? ¿Cuál es una meta bíblicamente digna? La primera pregunta – ya familiar – del Catecismo Menor responde estas preguntas.
P. — ¿Cuál es el fin principal del hombre?
R. — El fin principal del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre.
¿Hay alguna otra meta que sea digna? ¿Está usted dispuesto a comenzar aquí con sus hijos? Usted debe equipar a sus hijos para funcionar en una cultura que ha abandona el conocimiento de Dios. Si les enseña a usar sus habilidades, aptitudes, talentos e inteligencia para hacer mejor sus vidas, sin referencia a Dios, usted los está alejando de Dios. Si sus objetivos no son otros que “el fin principal del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre,” usted le enseña a sus hijos a funcionar en la cultura en estos términos.
¿Cómo hacemos esto? Les consentimos sus deseos y caprichos. Les enseñamos a encontrar el deleite de sus almas con ir a lugares y hacer cosas. Intentamos satisfacer su deseo de entusiasmo. Llenamos sus jóvenes vidas con cosas que les distraen de Dios. Les
damos cosas materiales y nos deleitamos en su deleite de las posesiones. Luego, esperamos que en algún momento a lo largo del camino van a ver que la vida digna de vivirse se encuentra únicamente en conocer y servir a Dios.
En términos de la orientación hacia Dios, les estamos entrenando en la idolatría del materialismo. Los años gastados negando la importancia de una profunda convicción de la verdad escritural no se desarrollará en una vida centrada en Dios durante la adolescencia o al principio de la vida adulta.
No sorprende que perdamos a nuestros hijos. Los perdemos porque fallamos en pensar con claridad sobre el fin principal del hombre. El fin principal del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre; por lo tanto, su objetivo en todo contexto debe ser establecer una cosmovisión bíblica delante de sus hijos. Desde sus días más tempranos se
Señales Mezcladas
El Salmo 36 asegura que solamente en Su luz vemos la luz. Sin embargo, les presentamos a nuestros hijos un mundo diferente. En nuestro esfuerzo por ayudarles a adaptarse a una cultura que no conoce a Dios, les presentamos objetivos que perseguir y maneras antibíblicas de resolver los problemas de la vida. En efecto, les entrenamos para que piense de manera antibíblica. Estos patrones antibíblicos de pensamiento y hábitos de acción se atraviesan con los propósitos de una vida vivida para la gloria de Dios.
Por ejemplo, si usted enseña a su hijo a obedecer y a desempeñarse para obtener aprobación de parte de usted y de otros, está presentando un objetivo antibíblico. Dios dice que debiésemos hacer todo para Su gloria, porque Sus ojos están sobre nosotros y Él es quien recompensa al justo. La gente va a responder bien a un niño que obedece, pero usted no puede hacer que ese beneficio secundario de la obediencia se convierta en la razón principal para obedecer.
Otro ejemplo puede ser útil. ¿Qué consejo le da a su hija cuando se enfrenta a chicos abusivos en el autobús escolar? Muchos padres instarían a su hija a que combatiera el fuego con fuego, a seguir el patrón de devolver mal por mal. Algunos padres le enseñan a sus hijos a ignorar a los bravucones. Pero, ¿alguno de esos consejos es Bíblico? Realmente no. Dios dice que devolvamos bien por mal, todo mientras nos confiamos nosotros mismos al cuidado protector de un Dios que dice, “Mía es la venganza, yo pagaré” (Romanos 12:19).
El consejo Bíblico conduce a sus hijos a confiarse ellos mismos al cuidado y la protección de Dios. Enseña la sensibilidad a las necesidades del ofensor. “Si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer” (Romanos 12:20). Le recuerda que Dios dice que bendiga a aquellos que nos maldicen. Este consejo dirige al niño hacia Dios y no hacia sus propios recursos.
